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lunes, 17 de febrero de 2014

"Mami quiero unos calzoncillos chinos"

He rescatado este post de hace años, hay muchos días que me sigo siento casi igual, corriendo, corriendo, como si Lewis Carroll me hubiera convertido en la hermana de Alicia.

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Fotografía de Piergiorgio Branzi 

He tenido una tarde surrealista, claro que la mañana ya prometía.

Hoy tenía una reunión de voluntariado por la tarde así que le pedí a mi madre que me cuidara a los niños hasta que yo terminara. Este ha sido el relato de la tarde.

16,45 : Mis hijos salen del cole. El pequeño me informa que está muy cansado. Le digo que cuando llegue a casa de su abuela duerma un rato.

17,15: Empiezo a buscar aparcamiento en la zona de mi madre.

17,25: Un capullo me adelanta y casi tenemos un accidente para quitarme un sitio de aparcamiento. Le hago saber lo enfadada que me encuentro, a saber:“Cab…piiii, hijo de piiiii” Mi hijo mayor comenta que desconocía que yo supiera tal cantidad de tacos.

17,35: Estoy al borde de la desesperación. El pequeño se ha dormido en el coche y le cuelga la cabeza en gesto forzado, su hermano, con cariño, se la empuja para ponérsela bien y el otro se da contra el cristal.

17,37: ¡Encuentro sitio!

17,38: Cargo con el pequeño en brazos cuando percibo un líquido caliente en el brazo. ¡Despierta! Se estaba haciendo pis. Afortunadamente no ha sido mucho. ¡Hace años que no se hace pis! Esto no puede estar pasando.

17,43: Dejo a los niños en casa de mi madre. “Ve quitándole la ropa, se acaba de mear” Me lanzo escaleras abajo.

17,45: Entro en la tienda de chinos que hay al lado del portal de mi madre a comprarle unos pantalones al niño. Cojo los primeros que me parece y cuando voy a pagar el chino me informa que sólo habla chino e inglés. Miro a la derecha a la izquierda, no hay nadie en la tienda excepto otro chino. Así que le empiezo a preguntar al chino, en inglés lo que valen los pantalones, que me cobre y que es una urgencia. El chino me dice que no saben lo que valen, que él no es el de la tienda y que va a llamar por el móvil, pero… su móvil no tiene batería. Así que me largo…sin los pantalones claro.

17,48: Cuando subo mi madre me ha preparado un café (eso pa’ mis nervios) y le ha colocado un pantalón corto de deporte (enorme) al niño. Le cuento lo del chino, que mi madre encuentra muy divertido. Mis hijos se mueren de la risa. Dejo mi chaqueta en casa, ya que la manga tiene un cerco enorme de la meada.

18,35: Me voy a la reunión que es en el centro de la ciudad.

18,48: Encuentro sitio, vaya increíble. Abro la puerta del coche para ir a pagar al parquímetro. Se me cae la cartera en un charco. Al volver a colocar en papelito en el salpicadero piso mal en el bordillo y me tuerzo un pie.

18,49: De camino a la reunión me encuentro con una amiga que va con ¿quién es ese tío?. Me intentan parar pero salgo corriendo diciendo que tengo mucha prisa (es verdad) y doliéndome el pie cosa mala.

18,53: Llegó a la reunión a tiempo pero… han cambiado de sitio porque la sala está ocupada. Decidimos ir a otro sitio en sentido totalmente opuesto y más alejado de donde tengo el coche.

19,15: Mientras todos van hacia allí yo vuelvo a poner más pasta al coche, casi ha pasado media hora y encima me voy a alejar, así que seguro que no me llega. Y un día como hoy no me voy a arriesgar, seguro que me multan.

20,20: No puedo más de lo que me duele el pie. Suelto mi rollo en la reunión y organizo mi trabajo pendiente. Me voy a casa.

20,38: Llego a casa de mi madre. Recojo a los niños. Mi madre me da su basura para que de camino la eche en el contenedor.

21,05: Llegamos a casa ¡por fin! Vaya, me he subido la basura de mi madre entre todas las bolsas. Les doy la cena a los niños y los acuesto, mi hijo pequeño me dice “Mami, quiero unos calzoncillos chinos, ¿pero me das teta?” Sonrío, “Claro cariño…” Son las 21,45

Me quedo dormida. Al despertarme me río de todo lo que me ha pasado. La verdad es que tiene su lado cómico. Me doy un baño y me preparo un chocolate, nada de café que ya lo que me faltaba es no dormir…

Me miro el pie, está fatal debe ser un esguince.

martes, 11 de febrero de 2014

Un nacimiento esperado

Recuerdo bien el día que nos conocimos hace 18 años.

Ambas participábamos en un curso, casi con toda seguridad el primero en nuestra ciudad sobre lactancia. Se sentó en mi misma fila en aquella sala del colegio de enfermería y empezaron a desfilar por allí Carlos González, Laura Lecumberri y otras personas que luego han sido relevantes en el mundo de la lactancia. Hace casi veinte años, cuando apenas sabíamos nada.

Se revolvía en la silla cuando oía decir que había que amamantar a demanda, se cuestionaba el uso de los sueros glucosados o se hablaba del parto natural. Luego sentí como se venía un poco abajo, ¿una lagrimita? pero sin dejar de clavar la mirada en las diapositivas y transparencias y en todos aquellos estudios, la mayoría en inglés que ponían en tela de juicio el quehacer de muchos profesionales sanitarios.

Al acabar alguien me contó que era matrona. Ella misma me había dicho en una pausa que su hijo pequeño tenía tres años y que había vivido todo lo que le estaban contando de una forma muy diferente.

No creo que haya muchas personas que sepan sobreponerse a sus propias vivencias, creencias y formación “oficial”, hace falta un grado más de madurez para coger distancia y cuestionarse si las cosas se están haciendo bien.

Siguió actualizándose, queriendo saber más. La empecé a ver sistemáticamente con el Lawrence (el libro de lactancia de referencia entonces) bajo el brazo, aquel de la edición color granate, hasta un punto en que parecía que el Lawrence cada vez pesaba más y ella cada vez menos. No puedo dejar de leer, me confesó. Durante muchos años arrastró, convenció y se dejó la piel por querer llevar la información sobre lactancia a los profesionales que la rodeaban con más o menos fortuna. Y comenzó a cambiar la forma de atender a las mujeres.

Llegaron tiempos difíciles para ambas pero siempre nos hemos mantenido fieles en los últimos años a tomar un café mi primer día de vacaciones, ponernos al día de año en año. Y no siempre estamos de acuerdo, pero creo manifestamos un gran respeto y tenemos unas bases comunes muy firmes.

En algún momento dio un salto cualitativo, alentada, impulsada o simplemente acompañada por experiencias y nombres como Encarna, Raquel, Anabel, Inma. Y la dedicación a la lactancia fue trasvasándose sin merma hacia la atención al parto.

¿Pero cuando? Ha sido mi pregunta en los últimos cafés. Pues bueno a veces las cosas llevan su tiempo, su poso y sobre todo su momento adecuado. Y claro mi impaciencia muchas veces motivada porque siempre he pensado que es que no hay más, que si no es ella, son ellas ¿quién va a ocuparse de ofrecer alternativas para cambiar los partos?

Verás Mª Ángeles al final caen los cortinajes y se derrumban la imposturas y quedan, quedáis, quedamos, ese puñado de imprescindibles, como decía Bertolt Brecht.

Suerte.