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miércoles, 15 de enero de 2014

Sal de la fila

A mí la palabra sacrificio me trae a la mente un montón de vírgenes en fila al borde de un volcán a punto de ser empujadas dentro por el hechicero de la tribu.

Así que cuando esta semana leí la muy recomendable entrevista al Dr. José Mª Paricio, al cual aprecio una enormidad, me quedé pensando en la frase “La mujer no concilia, sino sacrifica”.
Ciertamente hay que seguir peleando porque nuestras hijas o nietas lleguen a tener un permiso de maternidad digno, no 16 exiguas semanas, porque lo de conciliación parece una palabra puesta ahí en mitad del título de la ley para reírse de todas nosotras.

Lo curioso es que el argumento de sacrifico de la vida profesional no nos trae al pensamiento a una administrativo o cajera si no a una alta ejecutiva con tacones de aguja que no puede permitirse ni haber ganado un gramo en el embarazo, ni quedarse en casa atendiendo a su bebé. Si tienes un pensamiento más progre tal vez la cabeza te lleve a una científica a punto de encontrar la cura para todas las enfermedades que existen. Pero la imagen de una mujer atendiendo un bebé siempre añade un plus de debilidad.

Aún así creo que las posibilidades no están agotadas. Algunas familias se plantean una excedencia o una reducción de jornada. Siempre está el miedo a perder el puesto de trabajo. Y ya tendrá que ser un trabajo que sea tu vocación porque si no el sacrifico siempre es el mismo, la maternidad.

A mí solo se me ocurren dos motivos para no arriesgar la vida profesional reclamando tus derechos, o que seas una de las del párrafo anterior, o que si no trabajas no comes. También se puede encontrar un trabajo mucho mejor, volver a estudiar, trabajar desde casa u otras opciones que están esperando a que alguien se las invente. Eso sí, casi imposible sin una pareja que te apoye.

No nos engañemos, al final no es un sacrifico es una elección. Una lamentable decisión que las mujeres nos vemos obligadas a tomar por no haber un verdadero reconocimiento a la maternidad, ni siquiera conciencia de que probablemente sea lo más importante que un ser humano puede hacer por otro, preservar su vida en los primeros años, criar a los futuros ciudadanos.


No deberíamos aceptar el adjetivo de sacrificadas, no somos vírgenes, podemos salirnos de la fila, cambiemos el paradigma.

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